


Actualmente presento dos líneas de trabajo: una colección de arte digital creada íntegramente por ordenador, y otra en la que escultura y pintura se funden en figuras de gran fuerza expresiva.
Diferentes técnicas, mismo propósito: sacudir la mirada, generar empatía y ofrecer al espectador una experiencia que no solo se observa, sino que se siente.
Porque creo en el arte que interpela, emociona y perdura.
Mi obra se construye a partir del diálogo entre materia y emoción. No se trata solo de técnicas o soportes, sino de cómo cada textura, cada volumen y cada trazo contribuye a dar forma a lo humano: lo que duele, lo que resiste y lo que todavía sueña.
PINTURA Y ESCULTURA SE ENTRELAZAN
PARA CREAR FIGURAS QUE NO BUSCAN LA PERFECCIÓN,
SINO LA VERDAD DE LO QUE SENTIMOS.
LA MATERIA SE VUELVE PIEL, MEMORIA, CICATRIZ.
Hay firmeza y fragilidad, peso y silencio. Todo convive. Cada pieza nace con una intención: provocar una mirada más lenta, más honesta, más cercana a nosotros mismos.
Con respecto a la obra literaria me caracterizo por contarlo todo en lenguaje llano pero llamando a las cosas por su nombre.
Esta obra es el compendio de varias historias independientes pero ligadas a la misma tierra, al mismo legado histórico. Unido todo a la defensa de unos valores ancestrales y la defensa de unos ideales.